Que el ego no se transforme en ignorancia

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Ya me apetecía escribir y todo por el componente simbólico de lo escrito y por poder explicarme ante quien tenga a bien leerme. Hace ya bastantes, diría más bien muchos años que hice de la política una de mis pasiones, y prueba de ello es que he comentado y criticado mucho, en los más de cuatro años que llevo escribiendo cada cierto tiempo, para tratar muchos ámbitos distintos, algunos con más acierto y otros con menos. 

Pero, siempre desde la barrera. Seguro que usted, como yo, ha pensado muchas veces aquello de “es que no hacen una a derechas”, “es que no se pueden hacer las cosas peor”, “es que tendrían que haberlo hecho así y no asá”. 

Pero dar un paso al frente en política, sobre todo cuando se vive en un pueblo, es una decisión a meditar. A uno le puede hacer mucha ilusión salir con el pecho henchido detrás de la Virgen en cada procesión, pero ser concejal no es eso. 

A uno le puede hacer mucha ilusión salir en los medios municipales inaugurando, pero eso no es ni mucho menos ser concejal. Parece una obviedad, y es cierto que quienes gobiernan, en demasiadas ocasiones lo entonan tantas veces en vano, que ya nos suena hasta a insulto, pero la verdad es que la política es y debe ser un servicio público, es y debe ser la voluntad de invertir mucho tiempo y mucho esfuerzo en tratar de mejorar lo que es de todos. 

La política no es una forma de llevar un sueldo más o menos copioso a casa, ni es una excusa para llenar papel de periódicos con fotos propias. No es eso la política y no podemos consentir que lo sea. 

¿Saben qué? En realidad la aventura de la política empieza siempre igual. La última legislatura la he seguido muy de cerca, me ha interesado mucho saber quién hacía qué y cómo lo hacía. De esa observación me han ido surgiendo muchas reflexiones y he ido aprendiendo mucho, de como uno cree que deben hacerse las cosas y de cómo creo que no deben hacerse. 

Pero siempre llegas a la misma conclusión, hay un paso que es imprescindible si uno quiere ofrecerse como alternativa y eso es, diagnosticar con precisión qué requiere cambiar y qué no, y sobre todo argumentarlo, no vale con decir “todo lo que han hecho los otros está mal”, no vale con entrar en lo que es la casa de todos los vecinos, como un elefante en una cacharrería. 

Y por supuesto, no vale con creerse que uno lo sabe todo y los demás no saben nada, quien sale con esa actitud de casa no hace sino demostrar hasta qué punto su ego se ha tornado en ignorancia. 

Saludos. 

José M. Fernández, Director